lunes, 9 de septiembre de 2019

Nueva recreación histórica en Las Navas del Marqués

Después del parón veraniego, aprovecho ahora en septiembre, a menos de un mes del evento para anunciar la nueva fecha para la visita guiada por los restos de la 71 División existentes en Las Navas del Marqués, junto con la recreación histórica que venimos realizando ya por tercer año seguido.
Espero que sea de vuestro interés y poder veros por allí.
Dejo abajo el enlace del ayuntamiento con más detalles.

https://turismolasnavas.es/agenda/2019/la-vida-en-la-trinchera---ruta-guiada-recreacion-y-exposicion

martes, 9 de julio de 2019

Nuevos restos encontrados

Después de bastante tiempo sin poder darme una vuelta por la zona de los combates de Navalperal este fin de semana anterior hice una escapada, y para mi sorpresa, ya que siempre, salvo raras excepciones, siempre aparece munición de máuser español o mexicano, esta vez me encontré por primera vez con un cartucho de 8mm de Lebel francés.
Esto me llamó mucho la atención ya que no tenía constancia del uso de este arma en este frente. 
El Lebel francés era un modelo de 1886, fusil reglamentario en Francia durante la Primera Guerra Mundial y que en los años 20 se había dejado ya de fabricar, por lo que en la guerra era ya un fusil antiguo y obsoleto. Siendo la primera que encuentro en muchos años recorriendo las diferentes zonas de combate me hace pensar que fueron muy pocos los que llegaron a Navalperal con la Columna Mangada pero que alguno hubo sin duda.
Entre los casquillos que encontré también dí con uno de 7mm de Máuser que tiene como rareza su marcaje, ya que consiste en una M nada más, de estos sólo he encontrado en todos estos años un par. Los expertos en la materia no se ponen de acuerdo con su procedencia, se habla desde que sean austriacos que usaban ese marcaje para que no vincularan a su país con la ayuda a la República en un momento en el cual había que guardar las formas con el Comité de no intervención, y otros hablan de un taller de munición de Madrid. El caso es que ambos cartuchos aparecieron en Navalperal atestiguando su presencia en los combates de 1936.
Os dejo las imágenes de ambos casquillos.

Cartucho de 8mm de Lebel francés.

Cartucho de 7mm de Máuser

Culote del 8mm Lebel. En los marcajes se puede ver que su procedencia era de la fábrica de Versalles del 3r trimestre de 1918

Culote de 7mm con el marcaje M

Fotografía tomada de Wikipedia del fusil Lebel francés mod. 1886, utilizado comúnmente por Francia en la Primera Guerra Mundial, y del que alguno llegó como ayuda a la República.

  

miércoles, 3 de julio de 2019

El periódico editado en el Alcázar de Toledo

Buenos días, después de mucho tiempo en el cual por falta de tiempo no he tenido ocasión de escribir nada, vuelvo con un anticipo a la espera de poder leer con calma más sobre la obra que hace poco conseguí. Esta es la recopilación del periódico titulado "El Alcázar", editado en Toledo durante el asedio del mismo por parte del bando nacional que se encontraba dentro de la fortaleza. 
Se trata de una obra donde se recogen todos los números íntegros editados y que a día de hoy se encuentra ya descatalogada y, aunque no es imposible de encontrar, si empieza a ser ya un poco difícil de dar con ella. 
Se encuentra editada por la Hermandad de Nuestra Señora Santa María del Alcázar.
En un primer vistazo rápido, he dado con esta portada, del día 1 de septiembre de 1936, la cual me llama la atención porque da por hecha la toma de Las Navas cuando quedaba casi un mes para que esto fuera así.
Hay que tener en cuenta que la información que aparecía en este periódico era tomada por medio de radio de uno y otro lado y que por medio de lo que escuchaban intentaban realizar las noticias lo más verídicas posibles. Este periódico se editó dentro del Alcázar de Toledo con el fin de mantener informados y entretenidos a aquellos que se encontraban asediados en su interior.
De momento os dejo con la imagen de la portada del libro y la hoja que pertenece a esa noticia de la toma de Las Navas.
Esto es para tener constancia de la importancia del frente de Navalperal, que en este momento consigue ser noticia en primera hoja en el frente de Toledo, que era más importante, lo cual deja ver que en la radio en este momento se seguía con interés lo ocurrido en la sierra de Ávila.

 

sábado, 13 de abril de 2019

Ruta guiada Navas del Marqués

Después de bastante tiempo sin escribir nada, vuelvo para hacer referencia a una visita a las posiciones de las Navas del Marqués en las que el próximo viernes acudiré a modo de guía. Os dejo enlace de la página de turismo donde se explican horarios, formas de apuntarse e itinerario.
Esta misma ruta ya se realizó el año pasado en Semana Santa y este año repetimos, espero que sea de vuestro gusto, y aunque sin recreación de por medio, espero sea amena y agradable.



En breve pondré una nueva entrada sobre el frente de Navalperal aparecido en noticias del periódico El Alcázar, editado por los asediados de Toledo hasta su liberación el 25 de septiembre de 1936, del cual he conseguido los facsímiles de todos los números publicados y en los que se hacen varias referencias a Navalperal, viendo la importancia que tuvo este frente, que es digno de aparecer en una publicación de unos sitiados, la cual constaba prácticamente de una hoja por ambas caras.

jueves, 11 de octubre de 2018

Recreación Navas del Marqués

Ya de vuelta tras un fin de semana intenso. Espero que gustase y fuese de interés tanto la ruta realiza por mí como la recreación en la que participé junto a mis compañeros de Frente de Madrid. Espero tener la oportunidad de poder repetir este evento en otras ocasiones. 


Navalperal en los libros II

Hoy os dejo la segunda parte, es decir, el otro capítulo que faltaba de la obra ya mencionada. Espero sea de interés:

"Ayer hemos entrado en Navas del Marqués. Un paso más, seguro y resuelto, en el avance contínuo hacia Madrid. La operación se ha desenvuelto con arreglo al nuevo sistema puesto en práctica por los rojos, desde que se tomó Navalperal, singularmente. Fortificaban las afueras de los pueblos, en las que acumulan toda clase de elementos defensivos: alambradas, trincheras, abrigos, pozos; resisten allí el tiempo que creen preciso, como si cumplieran de mala gana una obligación, y transcurrido éste, durante la noche, evacuan sus posiciones y abandonan la población, dejándose detrás periódicos, carnets, documentación copiosa y un sello de crueldad, que marca con indeleble huella la señal de su paso abominable.
Cuando salieron de Cebreros, se llevaron consigo, como en rehenes, unas ochenta personas, según anotamos oportunamente. Pero no era su intención la de conservarlas en su poder como prenda que pudiera significarles un canje provechoso o una utilidad determinada a cambio de sus vidas. Las secuestraron para tener materia en que saciar sus bajos instintos. Los infelices han sido encontrados muertos a pocos kilómetros de Cebreros.
Imaginad el dolor, el espanto horrible de estos pobres sin defensa, entre el regocijo de la turba miserable. Rodeados de energúmenos vociferantes, deliberando, frente a su terror, sobre el final sin remedio de cada uno, presenciando, sin posible auxilio, sin esperanza de socorro, los tormentos a que eran sometidos sus pobres compañeros, entre el regocijo de la canalla.
Parece imposible tanta maldad. Se creyera producto de una imaginación enferma que hallara cierto alivio morboso en la relación tétrica de hechos de los que nadie creería capaz a un ser humano. Y sin embargo, y dolorosamente, es cierto. Aún pueden apreciarse las pruebas evidentes de la inconcebible ferocidad. No añade nada la fantasía, que aún se declara falta de adecuados medios de expresión. Sobre el augusto silencio del campo, húmedo de escarcha, alumbrados por las luces de un sol otoñal, los sangrientos despojos insepultos, pregonan la enormidad del crimen. ¡Pobres inmolados a la perversidad de unos infames!¡Tengamos para ellos, para los que les precedieron en el suplicio y para los que aún han de sucumbir bajo la furia asesina de los cobardes, una lágrima en nuestros ojos y la piedad de una oración en nuestros labios!
Navas del Marqués ha sufrido poco. No ha sentido, como otros pueblos, los efectos de la destrucción que los deja sembrados de ruinas y a sus casas deshechas, quebradas, llenas de enormes cicatrices. Sólo un hotelito muestra sus interiores al sol, que no son más que un montón de cascotes, unos frágiles tabiques en equilibrio y unas astillas clavadas en la tierra. Por lo demás, apenas se advierten señales de violencia. En las proximidades, la carretera está cortada, por el derribo, en parte, de un puente que salva un riachuelo. Para llegar hasta Navalperal, hubo que vadearlo, alcanzando el agua hasta la mitad de las ruedas del coche. Ya está reparado el daño. Nuestros activos ingenieros militares, trabajando infatigablemente, pusieron inmediato remedio al mal producido. ¡Y vamos adelante en esta peregrinación atormentadora, en la que nuestro duelo, cada día agrandado, se pregunta frente al espanto de tanta catástrofe: ¿Será posible más? ¡Y lo es, tristemente! Cada ciudad ganada, el rescate de cada población, la conquista de cada aldea, esta labor de recuperación nacional, lograda palmo a palmo, cuya magnitud no se aprecia debidamente a distancia, nos ofrece un nuevo motivo de lamentación y aviva en lo hondo de nuestras almas la hoguera de nuestras indignaciones.
La entrada del Ejército produjo, como en todas partes, verdaderas explosiones de alegría. Con los soldados llega la libertad, el respeto, la garantía de la existencia, el reintegro de la personalidad, difuminada, perdida, náufraga en la procela de un mar de sangre y de repugnancia. La pobre gente, sometida a la tiranía férrea del terror, respira a pulmón pleno. Hay en sus ojos una serenidad que estaba borrada, enteramente, por el recelo constante de tres largos meses de inquietudes interminables. El susto que se agarraba nervioso al pecho frente a las armas de los malhechores, es brillo de esperanza y cantera inagotable de satisfacción a la presencia de nuestros hombres armados. Un fusil los condenó y otro fusil los salva. Y es que, inevitablemente, del mismo acero se forja la espada del caballero y el puñal del asesino.
Aún quedan en las Navas algunas familias del trágico veraneo de este año de nuestra salvación. Estaban allí unas por falta absoluta de medios, otras por huir del horror de Madrid, otras por prestar su indirecto amparo y su comprometido socorro a personas de la familia escondidas en sótanos y cuevas del pueblo para defender la vida.
Cuando nuestros aviones bombardearon las Navas, noventa rojos miserables, cargados de temblores, se refugiaron en una casa, de la que no se atrevieron a salir en todo el día, en el que sólo comieron un pedazo de pan.
Luego, a la noche, pasado el peligro, la cobardía se trocó en furia y la ruindad de sus almas buscó su cobro en el sacrificio de un pobre septuagenario inerme y ajeno a la lucha.
¿Se comprende ahora por qué los supervivientes, presos todavía en las cárceles del espanto, influidos por el pánico que asfixiaba sus días y alteraba sus sueños, haciendo de los ruidos de la noche máquina de sus sobresaltos, ponen en sus vítores una vibración de grito desgarrador, aplauden a los soldados con un histérico apresuramiento nervioso y mojan su enloquecedora alegría con la amarga lluvia del llanto?

Pérez Olivares, Rogelio. "¡España en la cruz! (Diario de otro testigo)" Imp. Católica. Avila. 1937. Pp 325-329

martes, 25 de septiembre de 2018

Navalperal en los libros

Hoy os traigo una nueva entrada encontrada en un libro de memorias del año 1937, en la que el personaje, de la zona nacional, va recorriendo los diferentes frentes desde el norte hasta Toledo y la zona de Madrid. En esta obra nos encontramos con 2 capítulos, en uno habla de Navalperal y en el otro de Las Navas del Marqués (este lo pondré la semana que viene). Espero que os parezca interesante. Obviamente, hay que tener en cuenta las connotaciones políticas que se observan a lo largo del relato, por lo que a pesar de ser documentos valiosos hay que tener cuidado con los datos que en él se encuentran y contrastar con otras fuentes.

"Al día siguiente de nuestra llegada a Toledo empezó a circular por el campamento la noticia que se operaba en Navalperal, persiguiendo la conquista de este pueblo.
En los primeros días del alzamiento, aquel desborde de acometividad y de entusiasmo que, afortunadamente para nuestra causa, se mantiene íntegro y creciente, pero ahora, refrenado por la sabiduría y la prudencia del alto mando, lanzó a los nuestros, en un ímpetu alegre y patriótico, sobre el poblado de Navalperal. Un puñado de soldados valientes, con los arrojados requetés y los intrépidos falangistas, al mando del comandante Doval, decidieron la ocupación. Y con sus pechos por todo escudo y su coraje como motor, sin más armas que el fusil, allá se fueron confiados en la victoria. Y la lograron después de una tenaz resistencia de la columna del traidor Mangada, ladrón de corderos y de gallinas, que empleó contra nuestros hermanos todo el poder de sus máquinas de guerra, de las que iba perfectamente dotada su cuadrilla de salteadores: ¡Artillería, ametralladoras, bombas de mano! Pero ¿Qué significaba toda aquella enorme acumulación de elementos defensivos contra la fe que animaba nuestras fuerzas? Una vez más se demostró, en esta guerra, el poder invencible del espíritu sobre la acción mecánica y fría de los medios materiales.
¡El pueblo se tomó! Sobre la pobreza de las casitas serranas se tendieron al aire los esplendores de nuestra bandera. Se dió sangre con gozo y heroismo sin tasa, y los muchachos, jubilosos, llenaban el espacio con los himnos y canciones de su alegría.
¡Pero...! La rabia del fracaso se agarró con desesperación al teléfono:
- ¡Madrid!¡Madrid! ¡Estamos arrollados!¡Han entrado en Navalperal! Enviad refuerzos y, sobre todo y en seguida, aviación, mucha aviación.
A poco, sobre los cantos victoriosos, dominaba el mosconeo de los motores y, en la serenidad de tarde azul, las alas de la traición se extendían bajo el cielo como un presagio fúnebre.
- ¡Los aeroplanos!
Una verdadera granizada de acero cayó sobre nuestra gente. Se aguantó con impavidez, con estoicismo. ¡Resistir era una locura! Y se ordenó la retirada y recogida, con amor, nuestra bandera, los tristes senderos de la vuelta los marcó la desesperación con las huellas imborrables de un llanto de amargura.
¿Comprendéis ahora por qué se seguían con tan expectante atención las operaciones sobre Navalperal? Niños mimados por la fortuna, acostumbrados al triunfo diario, cualquier revés, inevitable en toda lucha, nos enloquece.
Pero, naturalmente, se ha vuelto a tomar Navalperal, y ahora de modo definitivo. ¡Para qué deciros nuestro alborozo!
Mangada, el ladrón de gallinas y de corderos, sintió una vez más, el castigo implacable de nuestras armas en desquite. Huyó cobarde. En la noche como los bandidos, escapó con su cuadrilla, dejando, para su oprobio, en el lugar donde se consideraba dueño, letreros, material abundante, muchos trofeos, testigos elocuentes de su derrota.
Cuando fuimos al pueblo a sentir el goce íntimo, el placer material de la posesión, sobre las esquinas y en las paredes roídas por el fuego de nuestros cañones, se leía con profusión:
-       ¡Columna Mangada!
En el habitáculo del bandolero, grandes cartelones de aviso a los milicianos, pregonaban:
-       ¡Defendamos Navalperal hasta la muerte!¡Caído Navalperal, perdido Madrid!
¡Y Navalperal está en nuestro poder para siempre!
Un aldeano, cazurrón y receloso, nos dice:
-       ¡Si esta gente no puede ser! Delante de mí los milicianos discutían el otro día con un capitán.
-       ¡Que no, que no! Aquí no hay comandantes, ni capitanes, ni nada. ¿No sabes que acabaron las categorías, camarada?¡Aquí somos todos iguales!
Es considerable el número de camiones y de coches excelentes abandonados con averías. En una de las banderas rojas cogidas, se lee con caprichosas letras de adorno, cuidadosamente dibujadas: “Columna Mangada. 5ª Compañía. Los tejeros”; y para muestra de organización y de cuidado el siguiente episodio:
 En la rápida huida se olvidaron del teléfono. Ya nuestros soldados en el pueblo, llama el aparato por sus timbres. Un sargento coge el auricular:
-       ¿Quién llama?
-       ¿Navalperal?
-       ¡Sí!¡Al habla!
-       Díme qué pasa, camarada. Por aquí corre la noticia de que Navalperal se ha rendido. No será verdad ¿eh?
-       No sé que decirte, responde el sargento. Yo estoy metido en una casa, oyendo tiros por todas partes ¡Menudo “fregao”!
-       ¿Y qué pensáis hacer?
-       ¡Yo, rendirme!¡Lo que debierais hacer vosotros!
-       ¿Y quién se entrega para que nos maten?
-       No tengas miedo, camarada. Si te presentas con las manos arriba y sin armas, no te matan.
Bruscamente se interrumpe la comunicación. ¡Tarde se dieron cuenta del ridículo!
Nos sacamos la espina de Navalperal, que hacía sangrar nuestro corazón. Para los vivos hubo oro de sol en las copas, chocar de vasos, brindis inflamados, en la entusiasta celebración. Para los muertos un recuerdo conmovido, un silencio respetuoso y la música rumurosa de unas plegarias cordiales.
Ya está Mangada, el ladrón de corderos y de gallinas, huyendo por la sierra. Era su lógico destino. Los milicianos a sus órdenes se extrañaban del afecto, de la consideración, del amor entrañable que por las gallinas demostraba.
-       ¡Ni que fuera su hijo!, se decían, quién sabe si con acierto indiscutible.
El éxodo ha sido hacia Cebreros, ya en nuestro poder.
Ahora nos queda perseguir al ladrón hasta exterminarlo y convertir en realidad su profecía: “Caído Navalperal, perdido Madrid”.
¡Vamos a ver si lo encontramos!


Pérez Olivares, Rogelio. "¡España en la cruz! (Diario de otro testigo)". Imp. Católica. Avila. 1937. Pp 267-271