Coronel
A. Gómez, Carlos, “La guerra de España”.
La Facultad. Buenos Aires. 1937.
Blog acerca de la Guerra Civil en el pueblo de Navalperal de Pinares en la provincia de Ávila.
lunes, 15 de abril de 2013
La guerra contada en distintas obras V
Diversos
factores hicieron que la ciudad de Ávila tuviera escasa importancia en los
planes de los conspiradores en julio de 1936. La ausencia de guarnición militar
en la capital abulense fue uno de los elementos primordiales. Conviene destacar
que Ávila pertenecía militarmente a la Séptima División Orgánica, con
residencia en Valladolid. Solo existían en Ávila dos establecimientos militares
en aquel verano del 36: el Colegio Preparatorio para Suboficiales y Sargentos,
y la Caja de reclutas nº 47. Por lo tanto la principal fuerza militar
correspondía a la Guardia Civil, cuya Comandancia formaba con la de Madrid el
primer Tercio, con cabecera obviamente en esta última ciudad.
El
20 de julio de 1936 la Comandancia de Ávila ordenó a la línea de El Tiemblo que
concentrara sus efectivos y algunos de Hoyo de Pinares y Cebreros. La respuesta
que obtuvieron fue negativa, principalmente porque a la zona ya habían llegado
milicianos de San Martín de Valdeiglesias y las organizaciones obreras se
estaban armando.
Durante
la tarde del 20 de julio quedaron cortadas las comunicaciones terrestres, por
carretera y ferrocarril, con Madrid.
En
las primeras horas del martes 21 de julio llegó a la capital amurallada una
compañía del Batallón de ametralladoras de Plasencia. Pero estos efectivos no
llegaban para expandir la sublevación en la provincia abulense. Su misión era
la de ubicarse en Villacastín y esperar allí órdenes. Pero ante la crítica e
incierta situación de parte de Ávila, decidió detener su camino por algunas
horas. En cualquier caso dicha guarnición militar con su armamento era bastante
superior a las milicias establecidas en las zonas leales del Sur y del Este de
Ávila. Su participación fue al día siguiente decisiva para que los guardias
civiles de la capital pudieran entrar en Navalperal de Pinares y Navas del
Marqués. Pero cuando dicha compañía recibió orden de abandonar Ávila, a buen
seguro la incertidumbre volvió a incrementarse. Sobre todo al final de dicha
jornada la Columna Mangada llegó hasta Cebreros. Esta columna[1]
se había formado principalmente con las milicias socialistas del Círculo Oeste
(Puente de Segovia), junto al Noveno Batallón sindicalista, guardias civiles y
de asalto y un grupo de milicianos del sector Este de Madrid. Los efectivos
rondaban los mil hombres con baterías de artillería y diversos vehículos. Es
decir, una fuerza netamente superior a la registrada en Ávila capital, y sobre
todo con posibilidades de moverse sobre el terreno con relativa facilidad.
El
23 de julio la Columna Mangada se plantó en la entrada de Navalperal donde
comenzó un combate que duró más de diez horas. La primera actuación de esta
terminó en la madrugada del 24 de julio cuando lograron entrar en la población
venciendo la resistencia sublevada; poco después se expandieron hacia las Navas
del Marqués. Las fuerzas de la Columna Mangada se desplegaron hacia Aldeavieja
y hacia Villacastín. El temor se hizo patente en la capital abulense pues era
notoria la superioridad bélica de la columna republicana, y la jornada volvió a
transcurrir con gran intranquilidad. Las fuerzas de la ciudad habían sido
aumentadas con la llegada el día anterior de una centuria de falangistas
vallisoletanos y una sección de artilleros del Regimiento de Medina del Campo
con dos ametralladoras. Aún así la columna Mangada presentaba una superioridad
notoria. El grupo de guardias civiles, soldados del Colegio Preparatorio y
voluntarios de la ciudad amurallada se asomaron hacia Aldeavieja, pero ante la
vista del contingente bélico de Mangada decidieron replegarse y esperar. La
batalla por la capital abulense nunca llegó a producirse; no sabemos si por una
deficiencia del servicio de espionaje de la Columna Mangada o porque quisieron
apresurar su camino hacia el Alto del León.
En
la jornada del 26 de julio partió de Ávila capital un grupo de unos 120
hombres, 80 de ellos guardias civiles, que ocuparon Navalperal de Pinares y
Navas del Marqués; la escasa guarnición de la Columna Mangada huyó principalmente
hacia Cebreros.
El
27 de julio, la Columna Mangada, con diversos refuerzos de hasta 600 hombres
según Martínez Bande, vuelve a restablecer su presencia en la zona de
Navalperal de Pinares y Las Navas del Marqués; para además extenderse hasta las
cercanías de Arenas de San Pedro.
El
28 de julio un grupo de más de 100 efectivos, entre guardias civiles y
voluntarios, salió de la ciudad de Ávila para presionar el frente de
Navalperal. Sólo fue una escaramuza contra el fuerte baluarte que representaba
en aquel momento la Columna Mangada.
El
30 de julio llegó a Ávila, procedente de Salamanca, la columna compuesta por
fuerzas de la Comandancia de Salamanca, Zamora y Badajoz, así como falangistas
y requetés. Al frente de la misma estaba el Comandante de la guardia civil
Lisardo Doval Bravo. Entre sus efectivos disponía también de una sección de
ametralladoras y una sección de artillería de montaña. La columna se reforzó en
Ávila con miembros de la JAP y guardias civiles, hasta alcanzar los 800
hombres.
Sobre
las diez de la noche la columna Doval emprendió la marcha hacia Navalperal. En
la entrada de esta última localidad fue recibida con intenso fuego de fusilería
y morteros, emplazándose una batalla entre ambas fuerzas que duró hasta el día
31 de julio. La derrota de la Columna Doval fue total, teniendo al final que
retirarse hacia la capital abulense. Varios factores influyeron en dicha
debacle:
- La aviación republicana apoyó los
movimientos de la Columna Mangada.
- La Columna Mangada utilizó trenes
blindados para posicionar sus tropas y como
centros móviles de ametralladoras.
- Varios integrantes de la columna
Doval se pasaron a la zona republicana; y es hasta
posible que la columna Mangada pudiera haber sido avisada con antelación de los movimientos desde Ávila.
Este
combate marcó el inicio de la estabilización del frente de guerra, con mayor
planificación y apoyo desde la retaguardia (Madrid). En cualquier caso el 31 de
julio se posicionaron además dos escuadrones de Caballería de Salamanca en
Villacastín, lo que impediría el avance de la Columna Mangada hacia el Alto del
León.
VVAA,
“Ávila en el tiempo. Homenaje al profesor Ángel Barrios” Volumen II. González
Muñoz, José Mª. “Aportación documental para el estudio de la Guerra Civil en la
provincia de Ávila: 17-31 de julio de 1936”, Ávila, 2001 (Pp. 85-132).
[1]
El propio Mangada recibió una llamada de ayuda del alcalde de Navalperal tras
su huida de la provincia de Ávila, cuando debió desalojar su pueblo ante la
presión de la Guardia Civil de la capital.
La guerra contada en distintas obras IV
No habrá escapado a los lectores avisados la persistencia de las acciones desarrolladas en estos dos frentes (Guadarrama y Somosierra), en las que diariamente se anota alguna acción de artillería, seguida de una pequeña penetración. Típico es lo ocurrido en Navalperal, desde donde, según los gubernistas, habría partido una formidable ofensiva de Mangada contra la retaguardia de Yagüe en Talavera. Ahora resulta que, según el Ministerio de Guerra, en Navalperal, del frente del centro, los rebeldes continúan atacando, aunque han sufrido grandes pérdidas, etc… (Telegrama de fe fecha 25). (p.49).
Ya
el mismo día 8 las fuerzas gubernistas que defienden el famoso saliente de
Navalperal se retiraron hacia la posición de Navas del Marqués, perdiendo todo
el terreno que durante dos meses defendieron con gran tenacidad. Este episodio
constituye, sin duda, un gran golpe para la defensa de Madrid, pues, aparte de
que el saliente ha servido para mantener una permanente amenaza, que nunca pasó
de tal, contra la retaguardia de Yagüe (ahora Varela), era bien sabido que allí
se habían establecido las mejores tropas del Gobierno, la famosa columna
Mangada. El retroceso de Navalperal se debe, no solamente a la obstinada acción
de las tropas nacionalistas, que en ese frente, desde hace veinte días, por lo
menos, atacaban sin dar tregua a su enemigo. El es también una consecuencia de
la amenaza que para las fuerzas gubernistas situadas al oeste de la línea El
Escorial-San Martín de Valdeiglesias significa la ocupación de este último
punto, a poco más de 30 kilómetros de la carretera de El Escorial a Madrid. Y
ya el día 8 esa amenaza iba a convertirse en una realidad. Es indudable que los
gubernistas no habrán dejado de reflexionar a este respecto, y que ello debe
haber contribuido a su retirada. (p.68).
Coronel
A. Gómez, Carlos, “La guerra de España”.
La Facultad. Buenos Aires. 1937.
La guerra contada en distintas obras III
Operaciones complementarias del
cerco de Madrid
"El
ejército del Norte había cedido al del Sur la plenitud de la iniciativa en
cuanto a la conquista de Madrid. Mola se limitaría, por el momento, a coadyuvar
con todos los elementos a sus órdenes. Para ello se estudió un plan de
operaciones complementarias, cuyos escenarios habrían de ser los montes entre
las provincias de Ávila, Madrid y Toledo, de una parte; de otra, los pasos de
la provincia de Soria.
Tenían
una triple finalidad: apretar el cerco de la capital; fijar al enemigo para
impedir que enviara refuerzos contra las columnas del Sur y desorientar en lo
posible al Mando rojo acerca de las intenciones de los jefes nacionales.
Por
lo que se refiere a los montes de Ávila, las maniobras ocuparon todo el mes de
septiembre y una buena parte del de octubre. Fue ocupado el paso del Boquerón,
sobre la carretera de Ávila a Toledo. Entraron las vanguardias del Centro en el
pueblo de Santa Cruz de Pinares. Un ataque concienzudamente preparado para
romper el frente rojo al Norte de El Escorial tuvo una primera fase muy
brillante, porque los atacantes entraron en el pueblo de Peguerinos y
aniquilaron una parte de las guarniciones enemigas situadas al amparo de las rocas
en que es tan abundante en la región. Pero “el error cometido por un mando
subalterno”, según dijo el General Mola en una de sus alocuciones, hizo que el
éxito inicial se convirtiera en revés. Los victoriosos de Peguerinos
descuidaron su sistema de flanqueos, y cuando creían estar más seguros
recibieron un vigoroso ataque sobre su ala derecha. El desconcierto producido
por la sorpresa y la mejor situación táctica en que momentáneamente se
encontraron los rojos, formaron la retirada de las vanguardias nacionales, las
cuales hubieron de abandonar las posiciones de Peguerinos, no sin sufrir bajas
muy dolorosas.
Esta
adversidad no desorganizó lo fundamental de los planes ofensivos, porque en los
días siguientes fueron ocupados Herradón de Pinares, San Bartolomé de Pinares
y, por fin, el pueblo de Navalperal, en donde había establecido su Cuartel
General el teniente coronel Mangada.
Navalperal
ofrecía un gran interés táctico para el dominio de los montes entre Ávila y
Toledo. Pasaba entre los milicianos rojos como posición inexpugnable. Pero dos
días de combate incesante dieron en tierra con la inexpugnabilidad.
Tres
núcleos de tropas de Mola ocuparon el pueblo, y al mismo tiempo se
establecieron en las posiciones fortificadas al norte del mismo, así como en una
altura de 1.300 metros, situada al Sur. El domingo 7 de octubre, dice el Estado
Mayor del Ejército del Centro, “la columna de Navalperal, en unión de otra que
bajó desde el puerto del Descargadero, estableció contacto nuevamente con el
enemigo. Este abandonó sus posiciones y dejó enorme botín. Dos columnas
partieron de Hoyo de Pinares y de San Bartolomé; tras brillante ataque,
ocuparon el puerto de Cebreros. Y en la última fase de las operaciones ocuparon
Robledo de Chavela, Navas del Marqués, Valdemaqueda, Hoyo de Híjar y posiciones
al oeste de Peguerinos. De ese modo se estableció un frente defensivo como base
para operaciones futuras”.
Aznar,
Manuel. “Historia militar de la guerra de
España”. Tomo I. Editora Nacional, Madrid, 1958. (Pp. 301-305).
La guerra contada en distintas obras II
Navalperal y Peguerinos
"Fracasado
este intento de avance por el Alto del León, los sublevados intentaron el 19 de
agosto tomar de revés la defensa republicana mediante un movimiento de flanqueo
por la Sierra de Gredos. Fuerzas facciosas, mandadas por el comandante Doval, el
sangriento verdugo de los mineros asturianos en octubre de 1934, atacaron a los
milicianos de la columna Mangada, que operaba en el sector de Navalperal, desde
Cebreros hasta Las Navas del Marqués.
Esta
columna se había formado inicialmente sobre la base de las milicias socialistas
del Puente de Segovia, comunistas del distrito Oeste, un grupo de empleados de
telégrafos, etc. En la primera salida de la columna (antes de estructurarse
como tal y de tomar el mando Mangada), un grupo de milicianos socialistas
avanzaron en camiones hasta cortar la carretera Valladolid-Madrid. Apostados en
esa carretera, cerca de Lebajos detuvieron en plena noche a dos coches con
falangistas armados. De uno de ellos salió un hombre que, creyendo estar entre
los suyos, gritó que él era el jefe de Falange de Valladolid. Era Onésimo
Redondo. Allí mismo fue muerto por los milicianos.
Todos
los intentos propagandísticos por asociar su nombre a los combates en el Alto
del León son fantasías. Su única “acción de guerra” fue viajar en coche a
decenas de kilómetros del frente.
Hacia
el 26 de julio, aproximadamente, la columna Mangada ocupó la zona occidental de
la Sierra de Guadarrama, extendiéndose hacia la Sierra de Gredos. El Estado
Mayor se estableció en Navalperal de Pinares. La columna se engrosó con
campesinos de El Tiemblo y otros pueblos serranos y con nuevos batallones de la
J.S.U. y del 5º Regimiento: los batallones “Sargento Vázquez” y “Capitán
Condés”, el “Asturias” y el “Aida Lafuente”, el “Largo Caballero” y “Pueblo
Nuevo de las Ventas”,etc. La columna tenía también un tren blindado, que
actuaba con eficacia.
El
ataque faccioso del 19 de agosto fue desmontado en su fase inicial, en gran
parte, por el fuego de la batería del capitán Salinas y la acción de siete
aviones al mando de Hidalgo de Cisneros.
El
20 de agosto los facciosos repitieron el ataque, llevando esta vez en
vanguardia a un tabor de regulares indígenas.
La
escuadrilla de Hidalgo de Cisneros les atacó con la misma eficacia que el día
anterior; un vigoroso contraataque de los milicianos puso en retirada a las
fuerzas de Doval, que se desbandaron tomando el camino de Ávila. El pánico
cundió de tal manera que los sublevados empezaron a evacuar aquella ciudad.
El
general Mola envió a Franco un telegrama en el que decía:
“Para
no continuar sacrificando inútilmente a mis fuerzas, suspendo la operación
hasta que no reciba refuerzos de aviación”.
Mangada
no supo aprovechar esta victoria para progresar hacia Ávila y se conformó con
avanzar sus posiciones hasta Punta Mapa, a pesar de no tener delante enemigo a
muchos kilómetros. Esta concepción estática de la guerra anuló las ventajas que
proporcionaban a Mangada la alta calidad combativa de sus fuerzas y su
situación privilegiada en un flanco abierto del enemigo.
Rehecho
el Primer Tabor del 4º Grupo de Regulares de Larache de la derrota sufrida en
Navalperal, asestó un golpe por sorpresa en el sector de Peguerinos.
El
29 de agosto, los soldados marroquíes del coronel Martínez Zaldívar, junto con
fuerzas de la guardia civil y requetés de Pamplona, pasaron por sorpresa el
puerto del Boquerón, débilmente guardado, y cayeron sobre Peguerinos. Las
tropas moras entraron a cuchillo en el pueblo, degollaron a los hombres,
haciendo víctimas de odiosas violencias a las mujeres y saqueando los humildes
hogares campesinos. El flanco izquierdo de los defensores del Guadarrama quedó
amenazado. A tapar la brecha acudieron los batallones “Octubre I”, al mando de
Etelvino Vega, y “Octubre II”, a las órdenes de Fernando de Rosa, que murió
heroicamente en ese frente unos días más tarde.
Bajo
el mando de Modesto, acudió desde Navacerrada una columna compuesta de dos
compañías del batallón Thaelmann y de una compañía de guardias de asalto; de
Guadarrama vino Márquez al frente de una compañía del batallón de “La Victoria”
y de Navalperal, una compañía del batallón “Largo Caballero”.
Las
fuerzas milicianas arrollaron las defensas del enemigo, que fue cercado en el
pueblo y destruido después de una lucha encarnizada. El tabor quedó totalmente
aniquilado. El frente de Guadarrama se estabilizó definitivamente, después de
un mes largo de combates ininterrumpidos.
En
su conjunto, la primera batalla por Madrid había terminado con el fracaso de
los facciosos y con un éxito táctico importante de la República.
Este
resultado fue el fruto del sacrificio y de la abnegación de millares de obreros
y campesinos, de empleados, estudiantes e intelectuales. En el fuego mismo del
combate, estos supieron crear una organización militar que, aunque primaria y
defectuosa, fue capaz de detener a las unidades del ejército faccioso de
Valladolid, Segovia, Pamplona y Burgos, a las tropas mercenarias de África y a
los destacamentos de falangistas y de requetés.
La
gran gesta de la Sierra fue la gesta del pueblo. En ella ocuparon un lugar
destacado las compañías y batallones organizados por el Partido Comunista y por
la Juventud Socialista Unificada. Estas unidades mantuvieron los sectores más
duros y arriesgados de la defensa, contagiando a todos con su ejemplo de
acometividad, de disciplina, de conciencia revolucionaria y de espíritu de
sacrificio.
En
los combates de la Sierra se templó el 5º Regimiento. Sus unidades introdujeron
allí un orden militar democrático, incorporaron a sus filas a miles de
milicianos dispersos, desarmaron y enviaron a la retaguardia a los que no
querían combatir; establecieron puestos de control en la zona del frente,
abrieron puntos de reclutamiento y de instrucción en los pueblos campesinos,
crearon de nueva planta los servicios de intendencia, de sanidad y de
municionamiento.
Todo
este esfuerzo combativo y ordenado del 5º Regimiento dio solidez y estabilidad
al frente y proporcionó cauce eficaz a aquel portentoso heroísmo de masas con
que el pueblo respondió a las columnas de Mola.
Al
lado del pueblo, las filas del 5º Regimiento y de otras unidades, lucharon con
abnegación y valentía millares de soldados y guardias de asalto.
Militares
patriotas como el capitán Benito, el capitán de asalto José Fotán, los de
infantería Landa, Terán y López Paredes, el comandante de infantería de marina
Ristori, los coroneles Puig y Castillo, y tantos otros, caídos en esos primeros
combates, quedan en el recuerdo de la Patria como ejemplo de lealtad y de
fidelidad a la República."
Ibárruri, Dolores [et.al.], “Guerra y Revolución
en España. 1936-39”. Tomo I. Editorial Progreso. Moscú. 1967.(pp. 279-281).
La guerra contada en distintas obras I
"Se
sabe que en Navalperal de Pinares el alcalde y el secretario socialistas, que,
detenidos el domingo en Ávila, fueron puestos en libertad, a su regreso al
pueblo han armado a sus secuaces y practicado registros en las casas de los
vecinos de derechas. Es Navalperal un municipio importante por su posición
sobre el ferrocarril del Norte y su riqueza forestal. Cuenta con mil doscientos
habitantes. Pertenece al partido judicial de Cebreros y limita con los
municipios de Peguerinos, Las Navas del Marqués y Hoyos de Pinares. Navalperal
forma un valle al sur de la Sierra de Malagón.
Para
evitar que la revolución se adueñase de comarca tan importante, salió de Ávila
el martes 21 una pequeña columna de la Guardia Civil, que mandaba el teniente
jefe de la línea de las Navas del Marqués, don José Moreno Vega y que se
componía de un sargento, dos cabos, un corneta y diez guardias, a los que se
unieron el sargento José Aparicio y una sección con una máquina de la compañía
de Ametralladoras, recién llegada de Plasencia. Pretendía esta fuerza
establecer la normalidad en Navalperal, designar una nueva Comisión Gestora y
seguir a Las Navas del Marqués, para que los guardias de aquel puesto
recogiesen a sus familias y las
trasladasen a Ávila.
Los
revolucionarios de Navalperal habían recibido refuerzos durante el día. En su
auxilio llegó el alcalde de Peguerinos, Vicente Frutos, al frente de una
nutrida partida de vecinos. Hacia las diez de la noche la columna de Ávila
llegaba a unos quinientos metros del pueblo, cuyas calles estaban a oscuras.
Los revolucionarios, apostados en los taludes del ferrocarril, rompen un fuego
tan nutrido, que el teniente Moreno decide parapetarse hasta que amanezca y
pide refuerzos, que acuden aquella misma noche a las órdenes del capitán
Alcázar. Se componen de Guardia civil, algunos soldados del colegio
preparatorio y treinta hombres y dos máquinas más de la compañía de Plasencia,
al mando del teniente don Domingo Rodríguez Barahojos. Al amanecer del 22, se
reanuda el ataque y la resistencia es fácilmente vencida. Son hechos
prisioneros, entre otros, doce vecinos de Peguerinos que acudían a Navalperal
en una camioneta. Los revolucionarios en su huída dejaron también muertos y
heridos en las calles. El núcleo mayor de fugitivos se replegó hacia Peguerinos
con el alcalde de este pueblo, mientras el de Navalperal con su hijo, el
secretario y el administrador de Consumos, Enrique Filloy Méndez, también
destacado agitador, tomaban el camino de Madrid.
La
fuerza pública declaró en Navalperal el estado de guerra y prosiguió a Las
Navas del Marqués, donde decidió quedarse el teniente Moreno con los guardias
del puesto, en vez de regresar a Ávila con las familias de aquellos, como
primeramente se había pensado. El resto de la fuerza se replegó sobre aquel
mismo día 22 sobre Ávila, dejando la comarca, con excepción de Peguerinos y
Cebreros, aparentemente tranquilizada. Y la compañía de Plasencia recibió orden
de trasladarse a Villacastín, para esperar allí el paso de una fuerte columna
que se había formado en la capital vallisoletana y que marchaba hacia Madrid.
Fue
este día 22 de grandes emociones. A primera hora un avión enemigo vuela sobre
la ciudad y arroja paquetes de periódicos y proclamas, y como se le responde con
un fuego desordenado que hacen todos los guardias, soldados o vecinos que
disponen de un fusil, una pistola o una escopeta, desciende más y replica con
su ametralladora, aunque si causar desgracias. Circula el rumor de que en
Cebreros, en poder de los rojos, se está organizando una columna a cuyo frente
se encuentran la “Pasionaria” y el teniente coronel Mangada. Esto acelera el
armamento de las personas que no se muestran dispuestas a que los arrolle la
revolución. Durante este día y los inmediatos siguientes se ven caballeros
ancianos armados de escopetas de caza o de museo, que hacen su centinela en la
muralla. Esta recobra el prestigio que tuvo en los tiempos medievales, cuando
Jimena Blázquez la guarneció con una milicia de mujeres para defenderla de los
sarracenos. Vuelve a ser el antemural de Ávila: la coraza de piedra tras la que
se guarece el vecindario amenazado.
Hacia
el anochecer se conocen detalles de la sangrienta batalla que se ha librado en
el Alto del León y, como triste testimonio de ella, en las primeras horas del
día 23 se reciben, con una emoción difícilmente contenida, los restos gloriosos
del comandante de Artillería don Gabriel Moyano y Balbuena, conde de
Villahermosa del Pinar, fallecido a consecuencia de sus heridas.
Sigue
en fermentación la provincia, acentuándose su deslinde en zona favorable al
Ejército y zona revolucionaria. La segunda llega hasta las proximidades de la
capital por el Este y Sur de ella y por el Sudoeste hasta las sierras de Gredos
y de San Vicente, por las que enlaza con Talavera de la Reina. Por el Nordeste,
se extiende al través del macizo fangoso de Peguerinos hasta cerca de San
Rafael y el Alto del León, ya en tierras de Madrid y de Segovia.
En
Burgohondo ocurre una colisión este día entre el vecindario y unos comunistas
forasteros que ocupan una camioneta. Cuatro de ellos, entre los que se cuenta
una mujer, resultan muertos. Los rumores que señalaban la presencia del
teniente coronel Mangada en Cebreros no carecían de fundamento. El vesático
cabecilla se había presentado en la importante localidad en la tarde del día 22
al frente de una columna motorizada de unos mil hombres pertenecientes al
Noveno Batallón Sindicalista, constituido por elementos del Puente de Segovia,
un batallón llamado “Voluntarios de Asturias” y tres camiones de guardias
civiles y de Asalto, estos últimos de la compañía de Badajoz.
Tal
columna se había formado el primer día del Alzamiento en la carretera de
Extremadura y Casa de Campo, en cuya puerta del Ángel tenía su Cuartel general.
Fue la que avanzó contra la Artillería del Campamento, en Carabanchel. Cuando
se dedicaba a asesinar a mansalva, en horribles matanzas en la Casa de Campo a
cuantos, acusados de fascistas, caían en su poder, se presentaron el alcalde y
el secretario de fugitivos de Navalperal, que eran amigos del teniente coronel.
Fácilmente convencieron a este de la conveniencia de llevar su acción, con
éxito seguro, por tierras de Ávila, en las que no existían fuerzas del
Ejército, sino puestos aislados de la Guardia civil. Abundaban además en ella
fascistas ricos, se guardaban rebaños y se almacenaban productos alimenticios
de todas clases: una verdadera Jauja. Mangada impulsado por aquellas
perspectivas, aceptó la propuesta con júbilo, y el mismo día 22 formó a su
gente, la arengó y tomó el camino de la ínsula que se le brindaba. Por la
carretera de Extremadura llegó a los Carabancheles; allí torció por la
secundaria que lleva por Brunete a San Martín de Valdeiglesias y desde este
último lugar se plantó en Cebreros, donde le esperaban jubilosos los
izquierdistas más notorios de la comarca, entre ellos Sánchez Vaquero, capitán
que había sido de Intendencia y perteneciente a una familia abulense muy
conocida -- su padre era abogado y cacique liberal influyente --; Urbano González,
capitán retirado, y el médico de Hoyos de Pinares Isidro Carmona. En el acto
Mangada incorporó a todos al que denominaba Estado Mayor de su banda.
Es
Cebreros una población muy floreciente. Se asienta a la orilla del río Alberche
sobre una alta y bien aireada loma. Su iglesia parroquial, que se atribuye a
Juan de Herrera, es de una arquitectura notable. Cuenta cinco mil habitantes.
Su tierra es muy rica. De primera intención los invasores se pusieron en busca
del cura párroco, don José Máximo Moro Briz, hermano del Obispo de la diócesis.
Entre escarnios y vejaciones se le llevó a la cárcel, donde había de permanecer
hasta su martirio. Luego se ocuparon los Bancos; había en Cebreros varias
sucursales de los más importantes de éstos, y de sus fondos se incautaron los
bandoleros por procedimientos expeditivos. La hermosa iglesia parroquial fue
profanada y saqueada. Se robaron cuatro cálices de oro, uno de ellos recuerdo
de Carlos V y otro de Felipe II; destruyeron el órgano e inutilizaron la
custodia y dispersaron el archivo. Las campanas las apearon para transformarlas
en municiones, según decían.
Pernoctaron
allí, y en la mañana siguiente, 23, recibió el teniente coronel la visita de
unos emisarios de El Tiemblo, que le invitaban a que hiciera acto de presencia
en su pueblo, que se alza también a orillas del Alberche y que los extremistas
locales dominaban desde el primer momento, habiéndose impuesto por el terror y
la barbarie. Para celebrar su triunfo condimentaron una paella en la lumbre
hecha con las maderas policromadas de las imágenes de la iglesia, cuyo óxido,
al desprenderse e impregnar el guiso, intoxicó a los sacrílegos comensales.
Mangada,
tras de aceptar muy complacido el homenaje de estos malhechores, siguió su
marcha hacia Navalperal, que era el objetivo codiciado de los caciques que le
acompañaban. La desgraciada localidad había vuelto a quedar indefensa al
replegarse sobre Ávila, como se ha dicho, la pequeña columna que la había
ocupado."
Arrarás, Joaquín; “Historia de la Cruzada Española”,
volumen 3. Editora Nacional, Madrid, 1940.
lunes, 4 de marzo de 2013
Medalla Sufrimientos por la Patria
Medalla de Sufrimientos por la Patria, concedida a un combatiente, de entre otros sitios, Navalperal, en una batalla con fecha del 19 de agosto de 1936. Además cuenta con un aspa de herido, aunque no se puede saber si en Navalperal, en Teruel, o en el Lago Ilmen, con la División Azul.
La imagen está sacada del libro: "Órdenes y condecoraciones de España (1800-1975)", de José Manuel Pérez Guerra.
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