martes, 22 de octubre de 2013

Mapas de España en la Guerra Civil

Después de mucho tiempo sin colgar nada les dejo el enlace al centro cartográfico catalán, donde en sus registros históricos aparecen un gran número de mapas de toda España, donde aparecen también de la zona de Ávila. Son mapas digitalizados, que se pueden descargar si se quiere y que creo que son bastante interesantes, sobre todo los del CTV italiano, en el que aparece que Navalperal de Pinares era el puesto de la intendencia. A pesar de que la página se encuentra en catalán, se puede traducir automáticamente con google, además se puede entender bastante bien aunque no se traduzca. Para poder verlos hay que entrar en el primer cuadro que aparece, en el de fondos en línea.

http://www.icc.es/Home-ICC/Fons-historics-Cartoteca

jueves, 18 de julio de 2013

"Nava el Peral o Navalperal de Pinares" II

"Cuando en Ávila se enteraron de que en Navalperal habían fusilado a las personas antes mencionadas, en represalia, fusilaron a Víctor Elvira, Pedro Callejo, Eugenio Herranz y Mariano Pablo.
El fusilamiento de estas personas lo hicieron de noche, y los llevaron atados unos a otros, brazo con brazo, por encima del codo. Entonces, en el momento de la descarga, todos cayeron a tierra, pero a D. Mariano Pablo ("el tío Marianón") no le había tocado ninguna de las balas, pero, al peso de los que con él iban atados, cayó igualmente a tierra. Si bien en aquella primera descarga "el tío Marianón" pudo librarse, no fue así con el tiro de gracia, que con su pistola solían darles en la sien. Fueron dando el tiro de gracia a todos los caidos, y la suerte del "tío Marianón" una vez más le volvió a sonreír, pues, por las causas que fueran, el tiro le entró por el cuello, y le salió por una paletilla.
Una vez el pelotón de ejecución se hubo retirado, como mejor pudo, "el tío Marianón" se soltó de los compañeros, a los que estaba atado, y, aprovechando la oscuridad de la noche, por la vía férrea adelante, trató de regresar a Navalperal, siendo recogido poco antes de llegar a La Cañada por un tren blindado, que le llevó hasta Madrid, donde fue curado.
D. Mariano Pablo Toledano, una vez terminada la Guerra Civil, fue detenido, encarcelado y juzgado, dictándose condena de muerte, pero, como ya había sido pasado por las armas, según las leyes de entonces, no podía ser ejecutado nuevamente.
A los cinco años de prisión, fue puesto en libertad, y vivió largos años como un ciudadano más.
En las tres o cuatro primeras fechas del mes de Agosto, en las que Navalperal ya estaba ocupado por las tropas de Mangada de una forma estable, desde la estación de Las Navas, llamó la Guardia Civil por teléfono a la estación de Navalperal para que se les informara si había tropas de ocupación, informándoles que el pueblo estaba vacío, y que podían venir.
Enterada la fuerza de ocupación de que en breve la Guardia Civil se haría presente, salieron a esperarlos al lugar del Saltillo, donde se parapetaron en las tapias del prado de San Sebastián. Poco antes de llegar a su altura un pequeño camión con catorce Guardias Civiles, comenzaron a hacerles fuego cerrado de fusilería.
Los Guardias, sorprendidos, puesto que no se esperaban tal recibimiento, se metieron en la casa del guarda del chalet "Ave María", que se encontraba pegado a la carretera, y allí murieron doce de ellos, no sin hacer fuerte resistencia.
Dos de los Guardias que lograron escapar, uno de ellos se fue entre los centenos que estaban altos, y logró salvarse; el otro escogió como camino la vía férrea, y desde el tren blindado le mataron.
Durante los meses de Agosto, Septiembre y los primeros días del mes de Octubre, eran frecuentes los bombardeos de la Aviación Nacional, que destruyó varias casas del final de la calle 8 de Octubre, donde quedaron sepultadas una madre y una hija; cuatro en la hoy Avda. del Caudillo y dos más, próximas a la Plaza Mayor.
Igualmente, eran frecuentes los tiroteos de los combates librados por ambos bandos en la zona de la Peña Madrid, y que en ocasiones llegaban algunas balas hasta el mismo pueblo.
Por estos motivos, si no todos, sí una gran parte de los vecinos: hombres, mujeres y niños abandonaron el pueblo, marchándose al campo a vivir en los cerraderos del ganado".  
Andrés Méndez Herranz, "Nava el Peral o Navalperal de Pinares", Madrid, 1991. pp. 198-200.

lunes, 15 de abril de 2013

"Nava el Peral o Navalperal de Pinares" I


"El año 1936, fecha del Alzamiento Nacional como dicen unos o fecha de la Sublevación del ejército como dicen otros, fue algo apocalíptico en Navalperal.
Si bien en un principio estaba ocupado por la Zona Republicana, en las pocas fechas transcurridas desde el día 18 al 30 de julio, fue varias veces ocupado por la Guardia Civil, que representaba al bando de los Nacionales, y en otras ocasiones por milicianos que representaban a la República.
En una de aquellas entradas y salidas que unos y otros contendientes hacían, la Guardia Civil detuvo, y se llevó a Ávila a Víctor Elvira, Pedro Callejo, Eugenio Herranz, Mariano Pablo, Ventura Martín, Dionisio Prieto y Mariano García.
Esta especie de "toma y daca" de unos y otros duró hasta que el día 23 de julio, de una forma más estable, fue ocupado por la Columna del entonces Coronel Mangada.
Esta columna de milicianos estaba compuesta por mujeres y hombres, entro los que hacía un considerable número de expresidiarios de las cárceles de Madrid.
Su tarjeta de visita o presentación fue el entrar al pueblo por diferentes calles haciendo un constante fuego de fusilería, sembrando el terror de los pobres vecinos, que casi en su totalidad desconocían las armas de fuego.
Seguidamente, se dirigieron a la Casa Parroquial, de donde sacaron al Sr. Cura, D. Basilio Sánchez, y, frente a su casa contra la pared del Ayuntamiento, fue fusilado.
Asimismo, fueron detenidos y hechos prisioneros: D. Juan Martín y sus hijos, Ventura y Jesús; los hijos de D. Juan Manuel del Río, Tomás, César y Antonio; D. Félix Fernández, eminente médico especialista de pulmón y corazón; Agustín Rosino, Vicente Bernaldo de Quirós y un señor, Guardia Civil retirado, llamado Agapito.
Todas estas personas fueron fusiladas.
Me dice alguna de las personas que por entonces tenía uso de razón, que, cuando los llevaban montados en un camión camino del cementerio, les iban maltratando dándoles con las culatas de los fusiles, haciéndoles sangrar por la boca y la nariz.
Al llegar al lugar donde el camión debería torcer con dirección al cementerio, Agustín Rosino saltó del camión, y salió corriendo por donde mejor pudo. Hubo un momento de indecisión por parte de los milicianos, que permitió al Sr. Rosino tomar alguna delantera hasta que tres de ellos saltaron igualmente en su persecución disparándole constantemente.
Una vez que el camión llegó al cementerio y formado el pelotón de ejecución, D. Juan Martín, dirigiéndose a éste, les dijo: "Todo ajusticiado tiene derecho a que se le conceda una última voluntad, así que pido que me fusilen a mí antes que a mis hijos porque no les quiero ver morir". A lo que le contestaron: "primero, tus hijos; y luego, los que vengan".
Todo lo anterior estaba sucediendo mientras que el Sr. Rosino continuaba en su fuga perseguido por los tres milicianos.
Este Sr. Rosino tenía un comercio de ultramarinos, telas y algo de ferretería, en el que, poco antes de la Guerra, le habían robado gentes de Madrid provistos de un pequeño camión. El Sr. Rosino, en defensa de sus intereses, hirió gravemente a uno de los ladrones, muriendo en una de las Casas de Socorro de Madrid, en cuya puerta le dejaron sus compañeros de robo.
Uno de los milicianos era el mismo que, poco tiempo antes y en compañía de otros más, había robado a Rosino, por lo que a toda costa quería darle alcance para vengar a su antiguo compañero muerto.
En esta situación de huida y persecución, el Sr. Rosino fue herido en una pierna, pero no por ello dejó de correr, y logró despistarlos. Los milicianos que le buscaban entre todas aquellas malezas de jaras y retamas.
Cansados de buscarle, hubo uno de los milicianos que aconsejó dejar la búsqueda, pero los otros dos no consistieron a ello, y continuaron.
Estando en esta disputa, volvió a ser visto, y nuevamente comenzaron a dispararle hiriéndole nuevamente. Casi desfallecido, tendido en tierra y más muerto que vivo, por fin fue alcanzado, y, como quiera que se habían quedado sin munición para sus armas, fue rematado con grandes piedras arrojadas sobre su cabeza.
Esto solo es explicable sabiendo la procedencia de aquellas gentes: hombres presidiarios, duros de corazón e insensibles al dolor de los demás, sin el menor sentido de amor ni caridad para sus semejantes."

"Nava el Peral o Navalperal de Pinares"

A continuación voy a poner el apartado relacionado con la Guerra Civil, que aparece en la obra titulada "Nava el Peral o Navalperal de Pinares" de Andrés Méndez. Esta obra no llegó nunca a publicarse, pero recorre toda la historia del pueblo y tiene un importante punto que trata sobre el tema de estudio de este blog.
Espero que sea de vuestro interés, al menos para mi si me parece de gran relevancia lo que en esta obra expone el autor.
Aprovecho para agradecer a la viuda del autor el proporcionarme el original de esta obra para poder hacerme la copia a partir de la cual hoy puedo utilizar para tomar todos estos datos.

Mapas sacados de obras





Coronel A. Gómez, Carlos, “La guerra de España”. La Facultad. Buenos Aires. 1937.


La guerra contada en distintas obras V


Diversos factores hicieron que la ciudad de Ávila tuviera escasa importancia en los planes de los conspiradores en julio de 1936. La ausencia de guarnición militar en la capital abulense fue uno de los elementos primordiales. Conviene destacar que Ávila pertenecía militarmente a la Séptima División Orgánica, con residencia en Valladolid. Solo existían en Ávila dos establecimientos militares en aquel verano del 36: el Colegio Preparatorio para Suboficiales y Sargentos, y la Caja de reclutas nº 47. Por lo tanto la principal fuerza militar correspondía a la Guardia Civil, cuya Comandancia formaba con la de Madrid el primer Tercio, con cabecera obviamente en esta última ciudad.
El 20 de julio de 1936 la Comandancia de Ávila ordenó a la línea de El Tiemblo que concentrara sus efectivos y algunos de Hoyo de Pinares y Cebreros. La respuesta que obtuvieron fue negativa, principalmente porque a la zona ya habían llegado milicianos de San Martín de Valdeiglesias y las organizaciones obreras se estaban armando.
Durante la tarde del 20 de julio quedaron cortadas las comunicaciones terrestres, por carretera y ferrocarril, con Madrid.
En las primeras horas del martes 21 de julio llegó a la capital amurallada una compañía del Batallón de ametralladoras de Plasencia. Pero estos efectivos no llegaban para expandir la sublevación en la provincia abulense. Su misión era la de ubicarse en Villacastín y esperar allí órdenes. Pero ante la crítica e incierta situación de parte de Ávila, decidió detener su camino por algunas horas. En cualquier caso dicha guarnición militar con su armamento era bastante superior a las milicias establecidas en las zonas leales del Sur y del Este de Ávila. Su participación fue al día siguiente decisiva para que los guardias civiles de la capital pudieran entrar en Navalperal de Pinares y Navas del Marqués. Pero cuando dicha compañía recibió orden de abandonar Ávila, a buen seguro la incertidumbre volvió a incrementarse. Sobre todo al final de dicha jornada la Columna Mangada llegó hasta Cebreros. Esta columna[1] se había formado principalmente con las milicias socialistas del Círculo Oeste (Puente de Segovia), junto al Noveno Batallón sindicalista, guardias civiles y de asalto y un grupo de milicianos del sector Este de Madrid. Los efectivos rondaban los mil hombres con baterías de artillería y diversos vehículos. Es decir, una fuerza netamente superior a la registrada en Ávila capital, y sobre todo con posibilidades de moverse sobre el terreno con relativa facilidad.
El 23 de julio la Columna Mangada se plantó en la entrada de Navalperal donde comenzó un combate que duró más de diez horas. La primera actuación de esta terminó en la madrugada del 24 de julio cuando lograron entrar en la población venciendo la resistencia sublevada; poco después se expandieron hacia las Navas del Marqués. Las fuerzas de la Columna Mangada se desplegaron hacia Aldeavieja y hacia Villacastín. El temor se hizo patente en la capital abulense pues era notoria la superioridad bélica de la columna republicana, y la jornada volvió a transcurrir con gran intranquilidad. Las fuerzas de la ciudad habían sido aumentadas con la llegada el día anterior de una centuria de falangistas vallisoletanos y una sección de artilleros del Regimiento de Medina del Campo con dos ametralladoras. Aún así la columna Mangada presentaba una superioridad notoria. El grupo de guardias civiles, soldados del Colegio Preparatorio y voluntarios de la ciudad amurallada se asomaron hacia Aldeavieja, pero ante la vista del contingente bélico de Mangada decidieron replegarse y esperar. La batalla por la capital abulense nunca llegó a producirse; no sabemos si por una deficiencia del servicio de espionaje de la Columna Mangada o porque quisieron apresurar su camino hacia el Alto del León.
En la jornada del 26 de julio partió de Ávila capital un grupo de unos 120 hombres, 80 de ellos guardias civiles, que ocuparon Navalperal de Pinares y Navas del Marqués; la escasa guarnición de la Columna Mangada huyó principalmente hacia Cebreros.
El 27 de julio, la Columna Mangada, con diversos refuerzos de hasta 600 hombres según Martínez Bande, vuelve a restablecer su presencia en la zona de Navalperal de Pinares y Las Navas del Marqués; para además extenderse hasta las cercanías de Arenas de San Pedro.
El 28 de julio un grupo de más de 100 efectivos, entre guardias civiles y voluntarios, salió de la ciudad de Ávila para presionar el frente de Navalperal. Sólo fue una escaramuza contra el fuerte baluarte que representaba en aquel momento la Columna Mangada.
El 30 de julio llegó a Ávila, procedente de Salamanca, la columna compuesta por fuerzas de la Comandancia de Salamanca, Zamora y Badajoz, así como falangistas y requetés. Al frente de la misma estaba el Comandante de la guardia civil Lisardo Doval Bravo. Entre sus efectivos disponía también de una sección de ametralladoras y una sección de artillería de montaña. La columna se reforzó en Ávila con miembros de la JAP y guardias civiles, hasta alcanzar los 800 hombres.
Sobre las diez de la noche la columna Doval emprendió la marcha hacia Navalperal. En la entrada de esta última localidad fue recibida con intenso fuego de fusilería y morteros, emplazándose una batalla entre ambas fuerzas que duró hasta el día 31 de julio. La derrota de la Columna Doval fue total, teniendo al final que retirarse hacia la capital abulense. Varios factores influyeron en dicha debacle:
- La aviación republicana apoyó los movimientos de la Columna Mangada.
- La Columna Mangada utilizó trenes blindados para posicionar sus tropas y como centros móviles de ametralladoras.
- Varios integrantes de la columna Doval se pasaron a la zona republicana; y es hasta posible que la columna Mangada pudiera haber sido avisada con antelación de los movimientos desde Ávila.
Este combate marcó el inicio de la estabilización del frente de guerra, con mayor planificación y apoyo desde la retaguardia (Madrid). En cualquier caso el 31 de julio se posicionaron además dos escuadrones de Caballería de Salamanca en Villacastín, lo que impediría el avance de la Columna Mangada hacia el Alto del León.

VVAA, “Ávila en el tiempo. Homenaje al profesor Ángel Barrios” Volumen II. González Muñoz, José Mª. “Aportación documental para el estudio de la Guerra Civil en la provincia de Ávila: 17-31 de julio de 1936”, Ávila, 2001 (Pp. 85-132).

[1] El propio Mangada recibió una llamada de ayuda del alcalde de Navalperal tras su huida de la provincia de Ávila, cuando debió desalojar su pueblo ante la presión de la Guardia Civil de la capital.

La guerra contada en distintas obras IV


No habrá escapado a los lectores avisados la persistencia de las acciones desarrolladas en estos dos frentes (Guadarrama y Somosierra), en las que diariamente se anota alguna acción de artillería, seguida de una pequeña penetración. Típico es lo ocurrido en Navalperal, desde donde, según los gubernistas, habría partido una formidable ofensiva de Mangada contra la retaguardia de Yagüe en Talavera. Ahora resulta que, según el Ministerio de Guerra, en Navalperal, del frente del centro, los rebeldes  continúan atacando, aunque han sufrido grandes pérdidas, etc… (Telegrama de fe fecha 25). (p.49).


Ya el mismo día 8 las fuerzas gubernistas que defienden el famoso saliente de Navalperal se retiraron hacia la posición de Navas del Marqués, perdiendo todo el terreno que durante dos meses defendieron con gran tenacidad. Este episodio constituye, sin duda, un gran golpe para la defensa de Madrid, pues, aparte de que el saliente ha servido para mantener una permanente amenaza, que nunca pasó de tal, contra la retaguardia de Yagüe (ahora Varela), era bien sabido que allí se habían establecido las mejores tropas del Gobierno, la famosa columna Mangada. El retroceso de Navalperal se debe, no solamente a la obstinada acción de las tropas nacionalistas, que en ese frente, desde hace veinte días, por lo menos, atacaban sin dar tregua a su enemigo. El es también una consecuencia de la amenaza que para las fuerzas gubernistas situadas al oeste de la línea El Escorial-San Martín de Valdeiglesias significa la ocupación de este último punto, a poco más de 30 kilómetros de la carretera de El Escorial a Madrid. Y ya el día 8 esa amenaza iba a convertirse en una realidad. Es indudable que los gubernistas no habrán dejado de reflexionar a este respecto, y que ello debe haber contribuido a su retirada. (p.68).

Coronel A. Gómez, Carlos, “La guerra de España”. La Facultad. Buenos Aires. 1937.